martes, 16 de agosto de 2016

Ryokan en Kanazawa

El lunes por la mañana viajamos a Kanazawa, tres trenes pasando por las típicas zonas montañosas de Japón. En uno de los cambios me olvido el ebook en el tren, mi recién estrenado ebook!! 10 minutos después, en la estación, me doy cuenta y salgo corriendo al tren, paso otra vez el control de tickets, y... Me cruzo con el revisor-encargado-angeldelaguarda que lleva mi ebook en la mano!!! No me hace falta decirle mucho, mi cara de ilusión lo dice todo. Qué susto!!!!!!!

Durante el viaje llueve, qué bonito ver las montañas con la lluvia! Cuando llegamos a Kanazawa sigue lloviendo y ya no es tan idílico... Llegamos al ryokan gracias a la masterización de MA con las descargas de mapas japoneses. Nos atiende Bungo, en inglés, con calma, explicándonos cada cosa: dónde está el onsen, cómo se cierra la puerta, por dónde se anda con slippers y por dónde descalzos,... Qué gusto de recibimiento, nada q ver con el de Takayama...

Vamos a comer al mercado Omi-Cho, donde huele a pescado nada más entrar. Buscamos uno de los sitios que Bungo nos ha recomendado para comer, un sushi kaitén (en el que los platitos van pasando por una cinta y puedes coger lo que te apetezca). Muy divertida esta comida en la que no tenemos idea de lo que ocurre: que lo verde no es wasabi sino té, que el color de los platos indoca lo que has comido,... Todos atentos y serviciales con nuestra ignorancia. Un lujo vivir en primera línea la preparación de los nigiri-sushi y de los platos de sashimi.

Por la tarde recorremos en bici algunos barrios de esta ciudad que es totalmente manejable en bici. Visitamos el barrio de las geishas, el de los samuráis (con la actuación y explicaciones de MA acerca de las espadas que llevaban, jajaja) y el centro (con restaurantes). Entramos en un centro comercial (un Corte Inglés de lujo) y en una sala de juego (sigue exactamente el mismo esquema que el que vimos en Nara).

En el ryokan probamos el onsen privado, los yukata (batín ligero de algodón al que nosotros llamamos kimono) y dormimos en futones (una especie de colchones finos en el suelo, sobre bambú). Nos fascina el ryokan, su decoración, mimo y tranquilidad. Desde luego en este viaje llevamos unos cuantos alojamientos la mar de diferentes.

El martes arrancamos con la calma, por la mañana visitamos el parque que simboliza la ciudad. Mucho calor por la zona del castillo, pero un placer cuando llegamos al lago. Ains que lujo de parques y jardines tienen aquí!! Nos imaginamos haciendo un picnic aquí, echando una siesta allí,... Vamos al museo de arte contemporáneo sin intención de entrar a ninguna exposición, sólo para ver el museo en sí, que ya es una obra de arte.

Volvemos al mercado de ayer a comer, esta vez nos toca sentados en el suelo, jaja, MA no cabe y ambos acabamos la comida sin saber cómo ponernos, debe ser una cuestión de costumbre... Comemos nigiri-sushi, sopa miso, edamame, tempura, y varios pescados a la plancha,... Todo rico rico rico!! A estas alturas ya no necesitamos tenedor, MA ya controlaba los palillos, yo estoy empezando con ello...

Llueve, diluvia,... Cuando llegamos al ryokan Bungo nos dice que ha investigado cómo y cuándo ver un partido de beisbol en Tokio, que se lo habíamos preguntado por la mañana. Majo majo nos compra él las entradas explicándonos detenidamente cuáles son las zonas en el campo, cómo se ve desde cada una, que en la base 1 se ponen los locales y en la base 3 los visitantes, que hay dos estadios, cuál es mejor y qué partidos hay cada día. En definitiva, una hora para comprarnos el billete para ver a los Giants de Tokio... Ahora solo queda recogerlo en un Seven-eleven!!! Original, eh! Es que aquí las convinience stores se utilizan mucho. Nosotros vamos a alguna a diario!

Último paseo en bici por el barrio de los samuráis y otra zona de templos, con dong nocturno incluido 😉

Mañana vamos Tokio!!!

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